jueves, 8 de marzo de 2012

Bárdenas Reales, el desierto navarro

   Tras varios meses que llevo de baja actividad ciclista, Manu (un prototipo de Titan como él mismo se denomina), me convenció para acompañarle junto a Valentín (un fiel seguidor de este blog) y Emilio (ándate con ojo Heras, ¡Que viene Emilio!) a rodar por un escenario desértico. Pese a las dudas que me atormentaban sobre la condición física y el resfriado que llevaba, nos presentamos en Tudela para hacer un par de rutas de cara a la Titan Desert.

   El sábado nos esperaban 118 kilómetros y unos 700 metros de desnivel (que al final pasaron de 1000). El terreno, genialmente elegido por Manu, es bastante parecido a lo que se encontrarán en Marruecos: largas y llanas pistas con gran cantidad de piedras; ríos secos a distinta altura y repechos cortos pero intensos. Una maravilla a 4 horas de Madrid. El clima acompañó en esta etapa, con un sol calentando en su justa medida. 
   Desde el principio, los futuros titanes impusieron un ritmo alto que demuestra que llevan muchos meses preparándose. Yo les intentaba resolver algunas dudas que les surgen a escasos 55 días de la carrera de su vida. A mitad de la ruta, mis piernas están saturadas y me atacan los calambres. Con una paciencia entrañable, los compañeros de ruta me ayudan a estirar y “tiran” de mi a cada kilómetro. Las subidas se me hacen eternas; mientras intento disfrutar del paisaje y de la conversación. 

   Decido acortar unos kilómetros la ruta propuesta y quedamos más adelante donde nos volvemos a encontrar. A Valentín le ha golpeado “el hombre del mazo” y viene tocado. Afortunadamente, ha comido algo y se ha recuperado. 
   Subimos la cuesta más larga que termina en un mirador y tenemos que buscar un camino alternativo, ya que ha aparecido un parque de ocio en medio de la ruta. Dura zona de toboganes donde Emilio se lo pasa de lujo y los demás tenemos que echar pie a tierra. Tras descansar y reponer en el pueblo de Arguedas, rodamos los últimos 15 kilómetros llanos por la orilla del Ebro.

 Llegamos al hotel, donde damos cuenta de los distintos pinchos que nos saben a gloria y tras la merecida ducha y descanso, terminamos cenando en un italiano para recargar hidratos.

 
 A ellos se les ve frescos y con ganas de empezar la ruta del domingo, pero en esta ocasión yo me retiro, ya que tengo las piernas reventadas y no quiero ser un lastre. Y menos mal que no fui… Sufrieron para mantener las bicis rectas, debido a la lluvia que hizo aparición antes de lo debido. A pesar de esto, a la 1 ya estaban de nuevo en el hotel y listos para afrontar la vuelta a casa.

 En resumen, un pedazo de fin de semana con tres personas excepcionales y que a pesar de no haber realizado aún la Titan Desert, ya son todo unos TITANES con mayúsculas, junto a su compañero Pedro (que no pudo acompañarnos pero se entrenó en Madrid).



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